
Zejabrón y Barbalcanto
Asistimos ayer a algo mas que un debate sobre el estado de la nación, ruinoso, por cierto; asistimos al glorioso enlace entre el Presidente del Gobierno y el titular del Ministerio de su Leal Oposición.
Este ayuntamiento, exclusivamente económico como ambos dejaron claro ayer, no ha surgido de improviso, los contrayentes llevaban ya mas de cinco años de noviazgo, durante los cuales hemos podido comprobar cómo, día a día, crecía entre ellos la simpatía y el talante. Cierto es que han tenido también, cómo no, sus discusiones y enfados, pero como dice el refrán, “amores reñidos, son los mas queridos”. La verdad es que emociona hasta llenar nuestros ojos de lágrimas ver que están hechos el uno para el otro: el peor Presidente imaginable y el mas sumiso e inoperante jefe de la oposición.
Este matrimonio político obliga a recordar el de D. Fernando y Dª Isabel; éste de ahora es como aquél, pero todo lo contrario. Si aquél fue el nexo de unión entre los dos principales reinos de España, hasta fundirlos en una nación nueva, éste de ahora se presenta como el perfecto disolvente de la unidad nacional, constructor de la babel lingüística y enterrador de la conciencia patria.
Con tal paralelismo de sentido contrario, resalta la pobreza simbológica del actual casorio. Los Reyes Católicos tomaron las iniciales de sus nombres y dos objetos que las tuvieran también como iniciales: el yugo y las flechas y los unieron para representar su unión, mediante un lazo y la divisa “tanto monta”. Nada parecido vemos que hayan hecho Zapatero y Rajoy.
Por eso, proponemos que en la heráldica, se les represente a partir de ahora, por un zapato sucio y un sapo barbudo, rampantes, flanqueando un tren de cercanías, flameado de gules y sobre ambos, la divisa “Tanto monta, monta tanto, Zejabrón y Barbalcanto”. Esta es nuestra propuesta, aunque estamos abiertos a otras.
Aquí termina, por hoy, el consultorio político del Muláh Francis que por cierto, es un tío.
Tannhäuser