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jueves, 7 de marzo de 2013

IDEARIO de la RED de CIUDADANOS COMPROMETIDOS



1. Hay que revitalizar y fortalecer la Sociedad Civil, que debe ser la protagonista de la regeneración democrática que necesita España y de su reestructuración política, social y económica. Queremos abrir un debate y motivar a los ciudadanos  para  que ejerzan la soberanía que les corresponde. Con esta finalidad, todas las actividades de nuestra Red se llevarán a cabo dentro de la Ley. Todo de forma pacífica y moderada. No aceptamos la pasividad y la resignación ante esta España que no nos gusta. Ha llegado el momento de ponernos en marcha hacia la España del bienestar para todos.

2. Es urgente racionalizar y modernizar el Estado para que esté al servicio de los ciudadanos, cumpliendo sus obligaciones eficientemente, al menor coste posible. Como no es sostenible seguir funcionando con 17 ruinosas Autonomías, queremos un Estado Unitario que garantice la igualdad de todos los españoles tanto en derechos como en oportunidades y obligaciones, pero respetando, en sus justos y ponderados términos, los hechos diferenciales existentes en nuestra nación que sean compatibles con nuestra condición y con nuestra vocación de Estado miembro de la Unión Europea. Los tres poderes del Estado —legislativo, ejecutivo y judicial— deben estar rigurosamente separados, pues es antidemocrático y perverso que uno de ellos invada y avasalle a los otros. Los funcionarios al servicio del Estado deben ser seleccionados mediante oposiciones transparentes con temarios únicos para toda España y deben poder servir en toda España sin ningún tipo de limitaciones.

3.  No podemos mantener entidades o instituciones duplicadas o triplicadas y mucho menos inútiles, como el actual Senado. Cada función o competencia corresponderá a una sola Administración y a una sola institución.

4.  España necesita renovar en profundidad su actual clase política y prescindir del régimen partitocrático que asfixia el progreso y desarrollo de la nación. La pasividad y la impotencia que manifiestan los partidos políticos no deben bloquear el cambio indispensable que demandan los sectores más lúcidos y dinámicos de la Sociedad Civil. La vigente Ley Electoral impide que los ciudadanos podamos elegir directamente a nuestros representantes y autoridades. Creemos que el voto nominativo en distritos uninominales nos devolverá el poder y la soberanía a los ciudadanos, que hemos de ser representados, en Las Cortes, por diputados que se deberán a los votantes, no a los partidos. Queremos  acabar con el sistema de listas cerradas y bloqueadas, que sólo favorece a una partitocracia institucionalmente corrupta. El fuero del que gozan los parlamentarios debe ser efectivo únicamente para actos y dichos en sede parlamentaria. Para delitos comunes cometidos por políticos, debe ser competente la jurisdicción ordinaria.

5.  Los sindicatos, las patronales, los partidos políticos y las fundaciones son organizaciones que deben ser financiadas por sus propios adherentes o militantes. El dinero de los españoles debe ser utilizado con criterios de eficiencia y con sentido solidario, pero no puede ser malgastado en instituciones de carácter privado, ni en arbitrarias subvenciones. En cambio, sí que debe potenciarse el crédito que se dirija específicamente a crear empleo y a mejorar productividad.

6.  El ejercicio de la política no debería ser una profesión, sino una actividad transitoria. Los políticos deben percibir los sueldos correspondientes, mientras se mantengan en sus cargos, y cobrar las prestaciones que les correspondan de la Seguridad Social, a la que deben haber cotizado,  si no obtienen un trabajo al abandonar la actividad política. Ningún político tendrá derecho a percibir ningún tipo de prestación del Estado una vez finalizadas sus funciones, exceptuando aquellas situaciones en que la seguridad personal y familiar pueda estar en riesgo.

www.rdcc.es
© Marzo - 2013

sábado, 3 de noviembre de 2012

¿Podemos los españoles conseguir eliminar unas autonomías que nos empobrecen?



 Es cierto que esta crisis es global pero también que ha dejado al descubierto nuestras propias vergüenzas como país. Podemos seguir hablando sobre las causas, la burbuja inmobiliaria, los bancos excesivamente volcados en el sector constructor/promotor o las cajas arruinadas por gestores políticos, incluso sin formación financiera, más preocupados de hacer un aeropuerto innecesario o un rascacielos megalómano como sede de una pequeña caja de ahorros; pero la situación es la que es y mientras otros países ya han salido de la crisis o están empezando a hacerlo, los españoles vemos como en España no se atisba la salida del túnel.
 ¿Se han preguntado porqué tenemos más paro que Grecia o porqué España tiene el mayor índice de pobreza de toda la Unión Europea? ¿Se han preguntado porqué somos el cuarto país de Europa con más impuestos si nuestro estado del bienestar y los servicios de los que disponemos son bastante más reducidos y sin embargo la Administración sigue teniendo un enorme déficit?   Nuestro principal problema es una administración sobredimensionada, excesivamente burocratizada y sobre todo muy muy costosa. Una administración cuyo excesivo coste repercute negativamente en el ciudadano al suponer mayores impuestos pero menos servicios.  Resulta por tanto paradójico que se siga recortando en lo que necesitamos y no en lo que sobra, en lo que no necesitamos y además nos cuesta muy caro de mantener.
 Mientras en cuatro años 350.000 familias han perdido su casa y el paro roza ya los 6 millones de personas, es sorprendente que desde que empezó la crisis hasta finales de 2011, los empleados públicos aumentaran en 350.000, casi todos en las autonomías.  El número de funcionarios en España está por debajo de la media europea y no hay más personal sanitario en los hospitales ni más profesorado en los colegios pues, al contrario, entre 2010 y 2012, en las aulas españolas hay 80.981 alumnos más pero 4.526 profesores menos.  ¿Qué ocurre entonces?.
 En total, el traspaso de competencias del Estado a las comunidades autónomas ha implicado un traspaso de 821.357 empleados. Sin embargo los asalariados de las autonomías superan ya los 1.740.000 empleados. ¿Dónde están esos 900.000 empleados de más que tienen las autonomías si no hay más médicos ni más profesores? 520.000 son enchufados en las casi 3.000 empresas, agencias o fundaciones autonómicas creadas para colocar a primos, cuñados y demás cohorte de la casta política. Estas son las empresas que no han parado de contratar gente, incluso en plena crisis y mientras se subían impuestos y se recortaban servicios sociales o se despedía personal sanitario o de educación.  El resto, unos 400.000 son el producto de multiplicar por 17 la estructura de gestión. No es cuestión por tanto de mejorar la gestión de las autonomías; es un problema estructural. 
 ¿Podemos pagar más por haber multiplicado por 17 la administración de la sanidad y que una ambulancia no te lleve a otra comunidad o que para que pueda hacerlo haya que gastar tiempo y sobre todo mucho dinero en convenios entre las 17 autonomías?.
 ¿Es sostenible que cada comunidad tenga un sistema informático incompatible con el resto o que haya que gastarse los impuestos en crear “comisiones” de políticos y expertos para que los ordenadores puedan pasarse el historial médico de un paciente? ¿Tiene sentido que estemos pagando mucho más por gestionar la sanidad en lugar de dedicarlo a tener más hospitales y más personal sanitario o que un hospital de Canarias pida el historial de un paciente catalán, vasco o gallego y como mínimo tenga que buscar, y pagar, un traductor para no cometer un error médico?  Las mismas preguntas surgen si pensamos en la educación, la justicia...
  ¿Sabías que hay subvenciones a la abeja extremeña o la abeja catalana cuando en toda la península solo hay una única especie de abeja ibérica o que La Rioja tenía una Consejería de Sanidad autonómica, con toda su estructura y cargos, para gestionar un único hospital (ahora tres)?.  Que a pesar de que la Constitución Española dice que la política exterior es competencia exclusiva del Estado, la Junta de Extremadura creó en su día el cargo de asesora en Asuntos Africanos (sueldo 50.918 €)  y que las autonomías se gastan 310 millones de euros al año en “embajadas u oficinas exteriores”, destacando el caso de la ciudad de Sao Paulo donde existen 11 oficinas de autonomías a pesar de haber previamente una del Estado  [1].
 Además del innecesario coste, el principal indicador del disparate autonómico es que somos el país que más informes emite y más burocracia genera, 17 mini-estados que dificultan la economía y hacen ingobernable el país.  ¿Tiene alguna lógica, después de tanto hablar del fomento de la economía para salir de la crisis, que un empresario pueda pasar un verdadero infierno burocrático,  con 17 normativas diferentes para todo, si abre un negocio con oficinas en varias autonomías?.
 ¿España federal?.
 Mientras en Europa y el resto del mundo los países se unen buscando eliminar legislaciones, uniendo monedas, eliminando trabas administrativas y buscando hacer más sostenible y eficiente la administración para facilitar la creación de prosperidad económica y por tanto de empleo... en España nos inventamos las autonomías no sólo para multiplicar el gasto sino además la burocracia, y la ingobernabilidad.  Unas autonomías que nacieron para para integrar al nacionalismo vasco y catalán y teóricamente para acercar la administración al ciudadano pero que en la práctica se han demostrado insostenibles en cuanto se acabaron los generosos pero artificiales ingresos de la burbuja inmobiliaria.
 Ahora, cuando la mayoría de los españoles quiere eliminar las autonomías o reducir sus competencias al mínimo, cuando Europa, el FMI... señalan a las autonomías como el principal problema que tiene España para salir de la crisis, muchos partidos (Psoe, IU, UpyD...) se afanan en pedir una España federal y otros como el PP se desviven en defender contra viento y marea la conveniencia del sistema autonómico con declaraciones tan sorprendentes como las de Javier Arenas proclamando que el PP defiende las autonomías todavía más que el PSOE. Otros políticos recurren a la demagogia y al discurso del miedo, pretendiendo asociar la eliminación de las autonomías con una supuesta disminución de las garantías democráticas.  Pero la democracia no depende de cuántos niveles administrativos y burocráticos se tengan (y se paguen) sino de cuestiones menos habituales en los discursos de nuestros políticos, pero muy necesarias, como la separación de poderes y la garantía de independencia de organismos de control como el Banco de España o el Tribunal de Cuentas. No hacen falta autonomías para tener y gestionar hospitales o colegios, pero sí hace falta una justicia totalmente independiente del poder político y sin ningún tribunal elegido por los partidos, sí hacen falta listas abiertas y partidos políticos más “democráticos”.  Aunque esos son temas que parecen no interesar a ninguno de los partidos del arco parlamentario estatal y autonómico, ni por supuesto a su cohorte de enchufados que igual prefieren el sistema actual que favorece la corrupción y el nepotismo. 
 Hay muy pocos países federales en el mundo y si miramos su origen, en su mayoría surgieron uniendo territorios independientes para buscar un mayor tamaño y eficiencia. Otros como Australia, se justifican por ser muy muy extensos. Aquí en España, sin embargo, hemos ido contracorriente, dividiendo un país, creando 17 burocracias y multiplicando sin necesidad y lo que es peor, sin control, el gasto de una administración pública excesivamente engordada.  Es curioso que, en todos estos países federales, sus estados tienen menos competencias y menor porcentaje sobre el gasto público total que las autonomías españolas.  Sirvan como ejemplo la comparación entre los landers alemanes que “sólo” administran un 20% del gasto público (y hace pocos años decidieron ceder aún más competencias al Estado alemán) y las autonomías españolas que controlan alrededor del 56% del gasto público total.
 En su defensa de las autonomías, algunos proponen adelgazarlas o reducirlas a 6, 5, 4...  Si multiplicar la burocracia y el gasto al dividir la administración se ha demostrado innecesario y sobre todo caro, ¿tiene alguna lógica mantenerlas aunque sea reduciendo su número?.  Sin duda tendrían un menor sobrecoste, pero seguiríamos “tirando” nuestros impuestos en mantener una administración sobredimensionada en lugar de invertirlo en lo que nos interesa.
 Administración Local: Diputaciones, Ayuntamientos, entidades comarcales...
 Mientras el disparate autonómico nos ha llevado a tener las regiones más “engordadas” del mundo, tenemos sin embargo la administración local con menos competencias y porcentaje de gasto público de toda Europa, si exceptuamos a miniestados como Malta o Luxemburgo.
 A diferencia de las autonomías, la administración local es necesaria, aunque también necesita reformas.  Es incomprensible por ejemplo que un alcalde pueda decidir su sueldo o que tengamos más de 8.000 ayuntamientos y centenares de organismos comarcales innecesarios.
 Las Diputaciones deben servir exclusivamente para prestar servicios a los municipios que estos no puedan asumir o que sea más eficiente gestionar de forma conjunta: bomberos, basuras, arquitectos, recaudación de impuestos…). Sin embargo, para su cometido, las Diputaciones no necesitan generar normativa ni tampoco tener cargos políticos salvo quizá la presidencia. El resto, incluidos los puestos directivos, deben ser empleados y técnicos por oposición libre.
 La situación es tan dramática y tan urgente la necesidad de reducir aún más el déficit para poder reducir impuestos y eliminar los recortes en los servicios sociales básicos, permitiendo así empezar a dejar de empobrecernos y salir de la crisis, que se hace obligatorio adelgazar la Administración.  Pero, al contrario de lo que se ha recortado hasta ahora, lo que hay que eliminar de la administración es lo que sobra, no lo que necesitamos. Hay que repensar la administración, disminuyendo costes innecesarios y buscando la eficiencia para poder dedicar los recursos a lo que verdaderamente nos interesa. Centralizar en el Estado todo lo que sea mejor y/o más barato ser gestionado de forma centralizada.  Con el tiempo parte de esas competencias irán a Bruselas pues, si queremos competir con los países emergentes, no nos queda más que unirnos, disminuir costes y buscar la eficiencia. Y por otro lado pasar a los Aytos y Diputaciones las competencias que se gestionan mejor desde la administración local; reformando profundamente las Diputaciones , suprimiendo entidades comarcales y fusionando ayuntamientos pequeños.
 Pero, ¿es posible eliminar las autonomías?.
 La Constitución Española permite pero no obliga a tener una administración intermedia entre el Estado y la Administración Local. 
 Sería interesante analizar cómo han llegado muchas regiones a la autonomía o cómo incluso se obtuvo de forma ilegal en Andalucía. El estatuto de Cataluña de 2006 fue votado por menos de la mitad de los catalanes con derecho a voto (el 51,2% no lo votó). En el referéndum del primer estatuto andaluz, el 20 de octubre de 1981,  la abstención se acercó al 50% por lo que realmente sólo fue votado favorablemente por el 47,8% de los andaluces mientras el 52,2% no lo votó o lo hizo en contra o en blanco.  Peor aún son los datos del referéndum del segundo estatuto andaluz, el de 18 de febrero de 2007, donde  sólo acudió a votar el 36,28% de la población con derecho a voto por lo que el vigente estatuto de autonomía de Andalucía sólo fue votado favorablemente por el 31,05% de los andaluces.  7 de cada 10 andaluces no lo votaron o lo hicieron en contra o en blanco.
 La estructura política e institucional de las comunidades autónomas está empobreciendo a los ciudadanos mientras sigue enriqueciendo a una casta política indigna.
 En un primer paso, si hubiera voluntad política, se podrían empezar a adelgazar YA las autonomías: eliminación de TODAS las empresas, agencias y fundaciones públicas; eliminación o venta de las televisiones autonómicas; cierre inmediato de “embajadas” autonómicas y devolución inmediata de algunas trasferencias al Estado o los ayuntamientos.
 En un segundo paso, habría que convocar referéndum y preguntar al ciudadano si está dispuesto  a seguir manteniendo el innecesario, ineficiente y caro sistema autonómico o prefiere ahorrarse los 86.000 millones anuales [2] que estamos pagando de sobrecoste para mantener las autonomías.
 Es obvio que ningún partido va a tirar piedras sobre su propio tejado, sobre el sistema que da de comer a decenas de miles de enchufados en la Administración.  Así que esto sólo puede venir por auténtica exigencia ciudadana. Una sociedad civil activa no puede permitir que los intereses políticos terminen de arruinar a los españoles. Es hora de alejarse de consignas y movimientos partidistas, de sindicatos clasistas que sólo representan sus propios intereses o de medios de comunicación que sólo actúan como altavoces del mensaje de las castas políticas.  Sólo los ciudadanos españoles, de forma tan pacífica y civiliza como decidida y valiente, señalando y denunciando la situación podemos seguir despertando a la sociedad civil hasta que los partidos políticos terminen por tener que admitir la realización de un referéndum sobre las autonomías y las reformas estructurales que necesitamos para garantizar la democracia y evitar que nos vuelva a estafar la casta política en un futuro.
 ¿Cuántas veces hemos visto casos de corrupción en políticos de PP, PSOE, IU, CIU, PNV... que son defendidos por sus propios partidos o que incluso salen impunes tras recurrir hasta tribunales elegidos por el poder político o porque el delito ha prescrito?. 
 Y sin embargo, ¿cuántas veces hemos sentido sana envidia al oír cómo en Reino Unido un ministro dimite por mentir sobre una multa de tráficoo en Alemania hace lo mismo otro ministro por copiar su tesis doctoral?.  
 El Presidente del Gobierno puede solicitar al Congreso de los Diputados autorización para efectuar un referéndum consultivo sobre el tema de las autonomías. (Ley orgánica 2/1980). El Congreso por mayoría absoluta puede autorizar la convocatoria y el Presidente del Gobierno solicita al rey su convocatoria. (Art.92.2 Constitución Española).   Desde este punto, para la ejecución del Referéndum se aplica el Régimen Electoral General (Ley Orgánica 5/1985).
 Si el resultado del referéndum obliga a cambiar la Constitución, debe procederse a aplicar el artículo 167 de la Constitución Española e iniciar el trámite correspondiente.
 Una inmensa mayoría de ciudadanos empiezan a señalar con el dedo a las autonomías como el principal problema que tenemos los españoles para poder hacer sostenible la administración y mantener el estado del bienestar.  Es cierto que las castas políticas siguen aferrándose a ellas mientras prefieren seguir recortando servicios y cargando el peso de esta crisis sobre el ciudadano.  Pero, si en Reino Unido o Alemania un ministro se ve obligado a dimitir por una simple multa de tráfico, ¿cuánto tiempo aguantará aquí una casta política indigna (desde la izquierda hasta la derecha pasando por los nacionalistas) sin atajar el cáncer autonómico que nos está arruinando, si la sociedad civil sigue empobreciéndose pero empieza a levantar su voz pacíficamente para señalar con el dedo a la raíz del problema?.
 [1] Datos del libro “La casta autonómica” de Sandra Mir y Gabriel Cruz.
[2] Datos del Banco de España referidos al año 2011.
Artículos legales relacionados con el tema:
Constitución Española:
Artículo 62.
Corresponde al Rey:
a. Sancionar y promulgar las Leyes.
b. Convocar y disolver las Cortes Generales y convocar elecciones en los términos previstos en la Constitución.
c. Convocar a referéndum en los casos previstos en la Constitución.
d. Proponer el candidato a Presidente del Gobierno, y en su caso, nombrarlo, así como poner fin a sus funciones en los términos previstos en la Constitución.
e. Nombrar y separar a los miembros del Gobierno, a propuesta de su Presidente.
f. Expedir los decretos acordados en el Consejo de Ministros, conferir los empleos civiles y militares y conceder honores y distinciones con arreglo a las Leyes.
g. Ser informado de los asuntos de Estado y presidir, a estos efectos, las sesiones del Consejo de Ministros, cuando lo estime oportuno, a petición del Presidente de Gobierno.
h. El mando supremo de las Fuerzas Armadas.
i. Ejercer el derecho de gracia con arreglo a la Ley, que no podrá autorizar indultos generales.
j. El Alto Patronazgo de las Reales Academias.
 Artículo 92.
1. Las decisiones políticas de especial trascendencia podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos.
2. El referéndum será convocado por el Rey, mediante propuesta del Presidente del Gobierno, previamente autorizada por el Congreso de los Diputados.
3. Una Ley orgánica regulará las condiciones y el procedimiento de las distintas modalidades de referéndum previstas en esta Constitución.
 Artículo 167.
1. Los proyectos de reforma constitucional deberán ser aprobados por una mayoría de tres quintos de cada una de las Cámaras. Si no hubiera acuerdo entre ambas, se intentará obtenerlo mediante la creación de una Comisión de composición paritaria de Diputados y Senadores, que presentará un texto que será votado por el Congreso y el Senado.
2. De no lograrse la aprobación mediante el procedimiento del apartado anterior, y siempre que el texto hubiere obtenido el voto favorable de la mayoría absoluta del Senado, el Congreso por mayoría de dos tercios podrá aprobar la reforma.
3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación cuando así lo soliciten, dentro de los quince días siguientes a su aprobación, una décima parte de los miembros de cualquiera de las Cámaras.
 Ley Orgánica 2/1980
Artículo 6.
El referéndum consultivo previsto en el artículo 92 de la Constitución requerirá la previa autorización del Congreso de los Diputados por mayoría absoluta, a solicitud del Presidente del Gobierno. Dicha solicitud deberá contener los términos exactos en que haya de formularse la consulta.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Red de Blogs Comprometidos (Nueva campaña). ES HORA DE QUE EL PUEBLO SOBERANO DECIDA SOBRE LAS AUTONOMÍAS



Ya va siendo hora de consultar a los ciudadanos, al pueblo soberano, sobre la necesidad y conveniencia de que haya o no Autonomías territoriales en España. ¡Veamos por qué!.

En el año 1977, en el entonces centralista Estado español había 800.000 empleados públicos y menos de 90.000 políticos. Actualmente, en el Estado de las Autonomías hay 3.104.000[i] empleados públicos y unos 350.000-400.000[ii] políticos. La existencia de las Comunidades Autónomas ha hecho necesario multiplicar por cuatro, aproximadamente, el número de políticos y de empleados públicos; quienes, obviamente, viven de los impuestos de todos los ciudadanos. En 2011 las Autonomías han costado 86.333 millones de euros en personal y gastos corrientes. Pero las costosas CCAA son también ineficientes, ya que la Sanidad y la Educación, como otros servicios públicos, son más caros administrados por 17 burocracias sanitarias y 17 burocracias educativas que por una sola administración general del Estado.

El altísimo coste del Estado autonómico es el problema central de la actual crisis española, porque hace imposible conseguir un crecimiento económico suficiente para crear puestos de trabajo.

Nuestro modelo autonómico es ruinoso para el ciudadano; pero, en cambio, es muy provechoso para los partidos políticos predominantes en una comunidad autónoma, nacionalistas o no, para la burocracia creada por la autonomía y, sobre todo, para unas oligarquías caciquiles que, organizadas en grupos de presión, manejan en su territorio los presupuestos públicos a su antojo directamente o por medio de políticos afines instalados en puestos clave. Desde luego, las Autonomías son una fuente de poder y de puestos de trabajo para la casta autonómica y para los militantes de los partidos. Las CC.AA. mantienen legiones de políticos que, en vez de servir al bienestar de la ciudadanía, se dedican a expoliar a los contribuyentes en su propio beneficio.

Las CCAA, que tienen unas competencias que duplican ampliamente las correspondientes a los Estados federales, se han convertido en administraciones cuasiestatales donde los caciques territoriales han colocado a sus familiares y correligionarios, y enchufado a sus amigos. Se estima que existen dos millones de empleados públicos nombrados a dedo en las CCAA. y en los miles de empresas públicas y entes autonómicos creados; lo que contribuye decisivamente al cuantioso volumen de paro existente en España, porque un puesto de empleo público destruye 2,8 puestos en el sector privado.

Además, la existencia de las Autonomías ha producido duplicidades y redundancias en la prestación de servicios públicos, lo que supone un despilfarro anual superior a 40.000 millones de euros.

Desde luego, las CCAA son gigantescas máquinas de gastar el dinero de los contribuyentes; pero en su orgía derrochona gastan también lo que no tienen, endeudándonos a todos -padres, hijos y nietos-, para financiar sus déficits presupuestarios. Según el Banco de España las CCAA tenían a finales de 2011 una deuda de 140.083 millones de euros; pero la realidad es muy superior a esa cifra si se tienen en cuenta también los pasivos en circulación del entramado de sus empresas públicas y sus entes autonómicos, pues el BdE dice que en 2011 ha llegado a ser en total de 191.597 millones de euros.

El Estado de las Autonomías, el maligno cáncer que arruina a España, está en una profunda crisis, dado que el modelo autonómico no es viable por sus altísimos costes y sus exigencias financieras, a pesar de su escasa eficiencia en la prestación de servicios al ciudadano. El mito de las ventajas de las Autonomías para los ciudadanos se ha venido abajo.

Por supuesto, el Estado autonómico es política y financieramente insostenible, sobre todo cuando existe crisis económica generalizada. Por el costosísimo y superendeudado Estado de las Autonomías nos estamos convirtiendo en el Estado de los recortes económicos y sociales, destruyendo el Estado del Bienestar y acercándonos cada vez más a la insolvencia tanto estatal como de las CC.AA. ¡En España no hay recursos suficientes para mantener las costosas CCAA!. La enfermedad que aqueja al Estado de las Autonomías es terminal, porque su bancarrota parece inevitable. Pero ¿quién podrá rescatar a las CC.AA.?, porque el Estado español se ha convertido ya en residual y está arruinado. ¡Nadie!. ¡El suicidio de las CC.AA. se está consumando!.

Europa y los mercados financieros nos obligarán a elegir entre el mantenimiento de nuestras ruinosas Autonomías o nuestra pertenencia a la desarrollada Europa del euro. La desaparición del Estado autonómico llegará a ser inevitable, por una mera cuestión de supervivencia. Esa será la consecuencia de que los políticos, con el enorme endeudamiento suicida de sus CC.AA., se hayan comido vorazmente su “gallina de los huevos de oro”: las Autonomías territoriales. Entonces, gracias a los compromisos con la Europa del euro, terminarán por desaparecer. ¡Estamos ya en el principio del fin de las Autonomías, en su ocaso!.

Desde el punto de vista económico-social las Autonomías han sido un fracaso. También lo han sido políticamente porque su establecimiento se hizo para neutralizar los nacionalismos vasco y catalán; sin embargo, actualmente esos nacionalismos se han radicalizado y se han convertido en independentistas pues el Gobierno autónomico de sus territorios les facilita los recursos suficientes para gastos identitarios y para fomentar un independentismo mayor del que nunca existió anteriormente.

Menos mal que existen salidas del laberinto autonómico. Todavía estamos a tiempo de salir voluntariamente de ese laberinto, antes de que Europa tenga que rescatarnos traumáticamente. La supresión de las CCAA evitará un despilfarro anual de más de 120.000 millones de euros, lo que equivale al 12 % del Producto Interior Bruto.

Pero lo malo es que la casta política (grandes partidos y nacionalistas) se oponen encarnizadamente a desmontar esa mastodóntica estructura política y económica que han establecido en su propio beneficio, aunque sea perjudicial para el 90 % de los españoles. La Partitocracía se niega a reformar sustancialmente las Autonomías, a devolver muchas competencias al Estado y, mucho más todavía, a eliminar las CCAA, porque son su coto de caza, pesca y caciqueo.

Entonces, como la soberanía popular reside en los ciudadanos –aunque quiera monopolizarla la casta política- el pueblo va a tener que pronunciarse ya para decidir lo que se hace con las Autonomías, eligiendo una de estas tres posibilidades: 1) mantenerlas tal como están; 2) reformarlas profundamente devolviendo la mayor parte de sus competencias al Estado y limitando su techo de gasto, su autonomía financiera y su déficit presupuestario en los mismos términos que el Estado español se comprometa con la Europa del euro; y 3) eliminar completamente las Autonomías para que España pueda salir de la crisis y para que todos los españoles seamos iguales ante la Ley y tengamos un mismo nivel de prestación de servicios sociales.

Por lo tanto, es preciso hacer ahora una consulta a los ciudadanos españoles para que elijan una de esas tres opciones.Posteriormente, para revalidar la opción elegida por el pueblo sería necesario que el Gobierno español y los grandes partidos políticos asumiesen el resultado de la consulta o que, alternativamente, hiciesen aprobar por el Congreso de los Diputados la convocatoria de un Referéndum popular en los términos previstos en la Constitución. Si el resultado del Referéndum fuese la eliminación de las Autonomías sería entonces necesaria la disolución de las Cortes y la modificación de la propia Constitución para eliminar el vigente derecho territorial a la autonomía política.

Por supuesto, si los grandes partidos políticos no quisieran instrumentar y llevar a cabo la opción elegida por el pueblo sobre las Autonomías, entonces podría haber una grave confrontación de la ciudadanía contra la dictadura de la Partitocracia, que se concretaría en las acciones pertinentes.

En la consulta popular que te proponemos ahora es necesario que participemos la mayoría de los ciudadanos para presionar suficientemente a los partidos políticos. ¡¡¡UNE TU VOZ A LA DE LOS MILES DE ESPAÑOLES QUE ESTAMOS DISPUESTOS A EMBRIDAR, REFORMAR O ELIMINAR LAS RUINOSAS AUTONOMÍAS!!!.


Todas las entradas de los blogs pertenecientes a la Red de Blogs Comprometidos las tienes en este enlace:



jueves, 30 de agosto de 2012

El Aplauso del día. (Pedro Sanz: "Artur Mas tiene mucho morro").



Pedro Sanz, indignado con Mas: "Tiene mucho morro".


El presidente del PP riojano y del Gobierno regional, Pedro Sanz, ha reiterado que La Rioja "va a cumplir con el déficit a final de este año y también el año que viene, sin ningún tipo de petición de rescate, que se pone de moda ahora".
En la clausura de la Junta Directiva del PP de La Rioja, ha señalado que "hace falta tener mucho morro para pedir y luego tengo lo que me de la gana, como televisión autonómica o embajadas", ya que "aquí todos tenemos la responsabilidad y tenemos que ajustar".
"Si usted pide más de 5000 millones de euros, aunque hoy he oído que le han dado ya 10.000 -que son ya como diez años de los presupuestos de La Rioja- tiene que asumir la responsabilidad de ajustarse el cinturón. Si no ¡dónde vamos a parar!', ha añadido el jefe del Ejecutivo regional.
Fuente: Libertad Digital.
No ha dicho, ni mas ni menos, que lo que pensamos la mayoría de los españoles y ya va siendo hora de que alguien con un cargo importante deje de ser políticamente correcto y ponga en su sitio a este pesetero separatista y llorón.
Ahora solo falta que a Mariano Rajoy le de un repentino ataque de valentia y haga lo propio.

http://gruporebuznometro.blogspot.com.es/ 

martes, 28 de agosto de 2012

Red de Blogs Comprometidos



Ayer, día 27 de agosto, comenzó la andadura de nuestra Red de Blogs Comprometidos en Facebook. Nos expandimos por las redes sociales para llegar a más personas. No dejes de seguirnos.


La Red también tiene un perfil en Twitter



Y también tenemos un Foro con el que pretendemos habilitar un espacio de comunicación con la población. En estos momentos, tenemos una encuesta "Qué hacemos con las Autonomías? 
¡Entra y participa!


Muchas gracias a todos.

jueves, 28 de junio de 2012

RECONVERSIÓN




Carta abierta al Presidente del Gobierno.
Madrid, 25 de junio de 2012,
Señor Presidente:
La extrema gravedad de la situación económica, moral, social e institucional de España en el momento presente nos mueve a dirigirnos públicamente a Vd., como Presidente del Gobierno. Al hacerlo, partimos del reconocimiento de su voluntad de emprender sucesivas reformas para enfrentarse a los muy diversos problemas de nuestro país. Pese a ello, nos es obligado constatar la imperiosa y urgente necesidad de que el Gobierno plantee a las fuerzas políticas con representación parlamentaria, y muy especialmente al principal partido de la oposición, un programa integral, coherente y sistemático de reformas, cuyo debate y negociación ofrezca como resultado un gran acuerdo nacional para lograr la “reconversión del Estado”, puesto que en la presente crisis se han hecho enteramente patentes los defectos y carencias de nuestra actual organización política, social y económica, que no derivan sólo de una gestión ineficiente, sino de clamorosos fallos de estructura.
Esta “reconversión” no trataría sin más de corregir y perfeccionar el actual sistema, sino de redefinirlo y reorientarlo a la vista del resultado de su desarrollo, una vez transcurridas tres décadas y media desde su puesta en marcha, y ante las nuevas circunstancias surgidas a lo largo de ese período, en particular, nuestra pertenencia a la Unión Europea y a la Unión Monetaria Europea, con los consiguientes acuerdos y tratados sobre la estabilidad fiscal y presupuestaria plasmados en el recientemente reformado artículo 135 de nuestra Constitución.
Creemos que para ser útil a los intereses nacionales este nuevo pacto de Estado debería restaurar el espíritu del “consenso constitucional” imperante durante la Transición, abordando de modo completo las cuestiones básicas pendientes de solución. Por tanto, ese gran acuerdo ha de referirse a las reformas de la estructura económica de nuestro país y del sistema educativo en todos sus niveles para restablecer la competitividad de la sociedad española en el contexto global, al funcionamiento y composición de los órganos constitucionales (Senado, Consejo General del Poder Judicial, Tribunal Constitucional), a la organización, competencias y financiación de los poderes públicos en sus tres niveles territoriales (Estado, Comunidades Autónomas, Corporaciones Locales), a la extensión y financiación de los servicios públicos, a los instrumentos de participación y representación política de los ciudadanos (partidos políticos, sistema electoral y control parlamentario) y a la posición de España en las instituciones comunitarias en relación al debate sobre el futuro de la unión política, fiscal y financiera, superando así en definitiva lo que ya se reconoce por una amplia mayoría de ciudadanos como el agotamiento de nuestro modelo constitucional.
Es evidente que sin lograr un acuerdo de esa profundidad y amplitud los avances que suponen las reformas en curso serán limitados y, desde luego, no resolverán los muy graves problemas que tiene hoy España, problemas que se agudizarán en el inmediato futuro por la ofensiva “soberanista” que ya se plantea en el País Vasco y en Cataluña y que pondrá a prueba la supervivencia del Estado constitucional.
Sin embargo, el mero planteamiento de un pacto político de esta naturaleza, por necesario que sea, no basta para conseguir sus objetivos. Es desgraciadamente posible que, a la vista de las divergencias entre las fuerzas políticas con representación parlamentaria, y sobre todo de las posiciones que separan hoy a los dos grandes partidos, no se llegue a ningún acuerdo. De ser así, ni el Gobierno ni el Partido Popular debieran quedarse cruzados de brazos. Además de continuar las reformas necesarias en el ámbito de las competencias del Gobierno de la Nación, existe otra vía para superar esa parálisis: la apelación directa al pueblo español durante esta legislatura mediante la celebración de un referéndum consultivo.
Esta consulta debería versar sobre una trascendental decisión: la reordenación y la racionalización de nuestro sistema político y autonómico y de nuestra estructura institucional para fortalecer la unidad nacional y conseguir la eficiencia y la viabilidad del Estado.
Sr. Presidente, estamos seguros de que su patriotismo y su alto sentido de la responsabilidad le harán considerar las ideas que le hemos expuesto. Confiamos, por tanto, en que ello le anime a adoptar las iniciativas políticas correspondientes para garantizar la unidad, estabilidad y prosperidad de España en esta hora difícil de su Historia.
Reciba, Sr. Presidente, el testimonio de nuestro aprecio y nuestros mejores deseos de éxito en su comprometida misión.
Si estás de acuerdo y quieres adherirte este es el enlace:

miércoles, 27 de junio de 2012

EL INÚTIL DESPILFARRO DE LAS DUPLICIDADES ESTADO–CCAA







La falta de un modelo constitucional autonómico y el hecho de que la descentralización de España se haya hecho para contentar a los nacionalistas y a impulsos electorales de los barones territoriales de los partidos políticos han dado lugar a que resulte un Estado autonómico en el que proliferan las duplicidades o triplicidades, las redundancias y los excesos administrativos, porque se ha generalizado una mentalidad “autonómica” que consiste en asumir la mayor cantidad posible de competencias, porque a más competencias mayor poder, aunque sea necesario endeudarse para ejercer competencias adicionales.
Los políticos gobernantes de las entidades políticas territoriales, comunidades autónomas o ayuntamientos han procurado obtener la mayor cantidad posible de competencias, sin tener en cuenta si ello beneficiaba o no a los ciudadanos y tampoco si podían ejercerlas eficientemente, dados sus recursos disponibles. Finalmente las CCAA se han convertido en voraces mini-Estados que han intentado dotarse de una administración cuasi-estatal, desproporcionada y despilfarradora, en la que abundan las duplicidades. 
La concurrencia de administraciones superpuestas (estatal, autonómica, provincial y municipal) es causa de numerosas duplicidades y redundancias. El sistema autonómico existente sufre de falta de coordinación efectiva, que produce duplicidades en la actuación y en su coste, pues han multiplicado por 17 los órganos y entidades de la Administración: 17 Parlamentos, 17 Gobiernos autonómicos, 17 Defensores del Pueblo, 17 Tribunales de Cuentas, 17 Agencias de Protección de Datos, 17 Institutos Meteorológicos, 17 Institutos de Estadística, 17 TVs públicas (algunas de ellas con varios canales) y, en fin, 17 de todo, como un verdadero semi-Estado que se precie. ¡Ah!, y miles de empresas públicas y entes autonómicos; así como órganos representativos para mejorar las relaciones “internacionales”: embajadas y oficinas comerciales y de turismo en el extranjero, amén de oficinas de representación en Madrid y en otras capitales españolas. En 1999, el Gobierno vasco contaba con una única oficina en el exterior (Bruselas). Hoy en día, su red cuenta con ocho embajadas. En los últimos nueve años el País Vasco ha destinado 27,6 millones de euros a esta política. Lo mismo  ocurre también en Cataluña, que cuenta con delegaciones en Alemania, Reino Unido, Nueva York y Francia, para lo que se han destinado, en 2009, 25,9 millones de euros.
Actualmente el grado de descentralización del gasto público en las ruinosas CCAA es mayor en España que en cualquier Estado federal. UPyD estima en 40.000 millones de euros el despilfarro existente como “gasto excesivo”, por la existencia de duplicidades y redundancias. Por mi parte, yo creo que esa estimación se queda corta, y que la verdadera cifra de gasto innecesario por duplicidades sería de unos 50.000 millones. En todo caso, dicha cifra es muy considerable, teniendo en cuenta que, en 2011, las CCAA costaron 86.333 millones de euros, solo en personal y gastos corrientes.
Además, hay que tener en cuenta que, en marzo de 2011, los empleados públicos en las CCAA eran 1.748.160, y que de ellos, solo algo menos de la mitad de esa cifra se explica por el traspaso de competencias. En dos años, en plena crisis económica, el empleo público en las Autonomías —que ha favorecido principalmente a militantes de los partidos y a otros enchufados— ha aumentado en 415.316 personas; en enero de 2009, los empleados públicos sólo eran 1.332.844. Ese aumento se debe a que las administraciones autonómicas han seguido creciendo en ese periodo para poder ocuparse bien de las duplicidades y de las redundancias existentes.
Ante estas cifras un observador extranjero, desconocedor de nuestro singular Estado de las Autonomías, deduciría que en España somos muy ricos, a la vista del aumento de empleados públicos y del coste de las lujosas CCAA, por gastos públicos necesarios y por duplicidades y redundancias. Pues ¡nada de eso! Lo que ocurre es que, los gobernantes autonómicos, si no hay consignación presupuestaria para un gasto importante para ellos, acuden inmediatamente a la deuda pública. Efectivamente, la pésima e irresponsable costumbre del endeudamiento se da tanto en las Comunidades gobernadas por el PSOE, como en las del PP y en la nacionalista Cataluña. Todos los partidos políticos tienen el mismo vicio: gastar por encima de lo presupuestado y de las posibilidades. ¡Si al menos lo gastaran bien! Pero, ¡no!: las cuentas de las CC.AA. son escandalosas porque, muchas veces, muestran inútiles despilfarros. ¡Claro!, parece que el dinero que gastan no es de nadie, ni siquiera de los contribuyentes.
El problema es de base. Las CCAA llevan años presupuestando por debajo de lo que gastan en la Sanidad —entre un 15 a 20% menos, según los expertos— y esa diferencia continúa acumulándose. La Infra-financiación es el principal problema que aducen la mayoría de las comunidades cuando se les menciona la deuda. Lo que no dicen es que esa Infra-financiación se debe a que la prestación de servicios sanitarios es, por economías de escala, por lo menos un 20 % más caro si lo gestionan 17 CCAA que si lo hace directamente la administración del Estado.
Por ello, como demostraron S. Alcelay e Y. Gómez, en un artículo publicado en ABC el 2 de abril de 2012, “las Autonomías han doblado el gasto en Sanidad y educación en diez años”. Desde luego, ello no se debe a que han duplicado los servicios sanitarios en diez años, sino al mayor coste de la Sanidad y de la Educación, si la prestan 17 CCAA en vez del Estado, y también a la existencia de duplicidades y redundancias.
En definitiva, lo que resulta indudable es que nuestro modelo autonómico es muy ruinoso para los ciudadanos, que sufren los recortes sociales, los copagos y los aumentos de impuestos que son necesarios para reducir la asfixia financiera de las CCAA, que ellas mismas han provocado con sus despilfarros, sus duplicidades y su excesivo endeudamiento.
Pero, ¿existe alguna manera de eliminar las duplicidades Estado-CCAA? Por supuesto que sí; hay varias formas de eliminarlas. La primera, tan obvia como radical, es eliminar las Autonomías, aunque ello tropieza con dos obstáculos enormes: uno, porque la autonomía territorial es un derecho reconocido en la Constitución española y para eliminarla es preciso modificar profundamente la Constitución; otro, porque los partidos mayoritarios y los nacionalistas prefieren mantener las actuales CCAA en vez de refundar el Estado, ya que las Autonomías son una fuente de poder y de puestos de trabajo para la clase política y para los militantes de los partidos políticos. En efecto, las CCAA mantienen a legiones de políticos y de enchufados.
Para eliminar las costosas duplicidades Estado-CCAA hay que proceder por fases. Lo más urgente es revisar la distribución de competencias entre el Estado y las CCAA, porque aunque el modelo previsto en los artículos 148 y 149 de la CE es asumible, la aplicación abusiva de lo previsto en el artículo 150.2, referente a la posibilidad de transferir a las comunidades autónomas facultades de competencia exclusiva del Estado, ha vaciado la Administración del Estado, que actualmente realiza sólo el 21 % del gasto público, por lo que se ha convertido en una administración residual. Por lo tanto, el Estado debe reasumir las competencias exclusivas que le corresponden constitucionalmente, evitando la mayoría de las duplicidades y redundancias existentes. Todos los españoles, independientemente del lugar en que habiten, deben obtener los servicios sociales con un nivel de calidad similar, pero ya sabemos que ciertas comunidades autónomas, como Cataluña, aplican prioritariamente los recortes presupuestarios a la Sanidad y a otros servicios sociales en lugar de hacerlo en asuntos identitarios y en “adelgazar” la administración y las empresas públicas.
Además, es indispensable la aprobación de leyes orgánicas que normalicen las autonomías territoriales en un nivel semejante, para que todos los territorios autónomos establezcan techos competenciales.
Antes o después, deberemos entrar en razón y, sea para lograr el bien común o por imposición de Europa —tal vez tras una intervención o rescate de España— ante la insostenibilidad económica del “café para todos”, tendremos que conformarnos con el “café para unos pocos” o, incluso, con ningún café para ninguna comunidad territorial. En todo caso, el “café” autonómico debe ser no atractivo. Y el café se conseguirá cuando sea verdaderamente autofinanciable, es decir, solo con los impuestos de los habitantes de cada territorio autónomo, en vez de ser financiado por el Estado; o sea, por el resto de los españoles, como ahora. ¡Ah!, y cuando digo autofinanciación de la autonomía, quiero decir que sea suficiente para pagar también las amortizaciones y los intereses de la deuda pública de cada comunidad autónoma. Y el “café” se conseguirá asimismo cuando las competencias autonómicas sean pocas, tasadas y no ampliables con transferencias de competencias exclusivas del Estado. En fin, el “café” autonómico será amargo si deja de ser el chollo que es actualmente para los nacionalistas, incluso electoralmente, y pasa a ser un mal negocio. Y, por supuesto, a la comunidad territorial que no le guste esa autonomía, siempre podrá renunciar a ella, para ser igual que las otras comunidades de régimen común. ¡Se trata de dejar de privilegiar las Autonomías!
Por supuesto, los partidos mayoritarios y los nacionalistas persistirán en su actitud de no modificar las Autonomías, aunque saben que conllevan costosas duplicidades y ruinosos despilfarros. ¿Qué podemos hacer entonces los ciudadanos para que PP y PSOE se avengan a eliminar las duplicidades Estado-CCAA, y a reformar profundamente las Autonomías? Pues sencillamente luchar democráticamente contra ellos hasta que cambien de actitud sobre este asunto, lo que exige llevar a cabo, entre otras cosas, lo siguiente:
  • Influir en la opinión pública mediante campañas para que sean conscientes de que deben desaparecer esas costosas duplicidades, reformando el Estado de las Autonomías.
  • Pedir la celebración de un Referéndum sobre duplicidades Estado-CCAA.
  • Exigir la devolución al Estado de las competencias de Sanidad, Educación y Justicia, así como de otras que se estimen convenientes para evitar duplicidades y redundancias.
  • Votar solo a partidos políticos que propugnen la eliminación de esas duplicidades mediante la reforma del Estado de las Autonomías; o, incluso, la eliminación de las CCAA, tras la necesaria reforma de la Constitución.


sábado, 19 de mayo de 2012

Referéndum Autonomías ¡YA!.


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Un rasgo que identifica a nuestras Autonomías es que han multiplicado el número de políticos y de funcionarios necesarios para que funcione –aunque sea mal- el mastodóntico Estado Autonómico. El principal inconveniente de la autonomía territorial es su altísimo coste, no siempre justificable, que se agrava porque la falta de control estatal facilita los despilfarros de los gobernantes de las CC.AA., quienes acaban financiándose con una deuda pública que ha llegado a ser inasumible, y que pone en peligro tanto la supervivencia de la propia autonomía territorial como la posibilidad de endeudamiento de un Estado cada vez menos solvente. El altísimo y elevado coste del Estado autonómico es el problema central de la actual crisis española, que hace imposible lograr un crecimiento económico suficiente para crear puestos de trabajo. Actualmente el Estado de las Autonomías está ya en una profunda crisis. El mito de las ventajas de las autonomías para los ciudadanos se ha venido abajo. Desde luego, el Estado de las Autonomías es un engendro inviable, pues resulta política y financieramente insostenible, sobre todo cuando hay crisis económica. Por el costosísimo y superendeudado Estado de las Autonomías nos estamos convirtiendo en el Estado de los recortes económicos y sociales, acercándonos cada vez más a la insolvencia, tanto estatal como de las CC.AA. La enfermedad que aqueja al Estado de las Autonomías es terminal, porque su bancarrota parece inevitable. Pero, si llegase a ser necesario,¿quién podrá rescatar a las CC.AA.?, porque el Estado español se ha convertido ya en residual, sin territorio y arruinado. ¡Nadie!. Llegado ese momento, Europa y los mercados financieros nos obligarán a elegir entre el mantenimiento de nuestras ruinosas taifas autonómicas o nuestra pertenencia a la desarrollada Europa del euro. La desaparición del Estado de las Autonomías llegará a ser inevitable, por una mera cuestión de supervivencia. Esa será la inevitable consecuencia de que los políticos, con el enorme endeudamiento suicida de sus CC.AA., se hayan comido vorazmente su “gallina de los huevos de oro”: El empobrecedor Estado de las Autonomías, que es una quimera inviable, un laberinto que, gracias a los compromisos con la Europa del euro, terminará por desaparecer. Desde luego, estamos ya en el principio del fin de las Autonomías y se vislumbra su ocaso. Como ciudadanos españoles, poseedores de la Soberanía Nacional, reclamamos a los políticos nuestro derecho a ser consultados mediante un Referéndum vinculante respecto a qué Estructura de Estado queremos darnos. Estamos convencidos de que más temprano que tarde los organismos europeos nos obligarán a tomar una decisión al respecto. Nada más democrático que esa decisión sea tomada por absolutamente todos los españoles interesados en dar su opinión.


Exigimos un Referéndum sobre el Estado de las Autonomías, ¡YA!