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domingo, 11 de septiembre de 2011

La Opinión de Mikel Buesa (Nueva York, Nueva York).

Con este título pobliqué hace nueve años un artículo en El Correo para dar cuenta del primer aniversario de los atentados que cometió Al Qaeda el 11 de Septiembre de 2001. Trataba yo de establecer el contraste entre las sociedades norteamericana y española con respecto al terrorismo. Ahora, pasada una década desde aquellos atentados, creo que mis apreciaciones siguen siendo válidas en lo esencial, aunque algunas circunstancias hayan cambiado, tanto en los Estados Unidos como en España, singularmente en el País Vasco. En éste ya no gobierna el nacionalismo y en aquellos la administración Obama ha sustituido a la de Bush, aunque en ambos ámbitos las cuestiones relativas al terrorismo siguen sin haberse solucionado.
He estado tentado de reescribir el artículo, actualizándolo, pero finalmente creo que es preferible dejarlo como se publicó en aquel momento.


                                                 Nueva York, Nueva York

Con el vertiginoso transcurrir de los acontecimientos parece haber pasado mucho tiempo desde que un 11 de septiembre, en Estados Unidos, se viviera el ataque terrorista más sanguinario y destructor de cuantos se guarda memoria. Y, sin embargo, sólo nos separa un año de aquellos terribles sucesos que, ya para siempre, quedarán simbolizados por la ruina de las Torres Gemelas del World Trade Center de la ciudad de Nueva York. Un año apenas concede perspectiva como para valorar los cambios históricos que, en múltiples aspectos de la organización social, desde las relaciones internacionales hasta la concepción de la guerra, o desde los vínculos interpersonales hasta los valores admitidos por la opinión pública, se han venido sucediendo en estos meses. Pero sí es el momento, ahora que se conmemora el primer aniversario de aquellos hechos, de reflexionar acerca de ellos; y de hacerlo, sobre todo, desde la experiencia que concede haber conocido de cerca las consecuencias del terrorismo.
Quienes fuimos testigos del 11 de septiembre —cierto es que desde la lejanía a la que obliga un océano de separación, y a través de las imágenes deliberadamente distantes que ofrecía la televisión— sentimos horror ante el sacrificio de vidas humanas que podía intuirse y la magnitud de la destrucción material que podía verse.
El primero, alcanza a más de tres mil personas; tres mil seres humanos que, sorprendidos en sus oficinas del World Trade Center y del Pentágono o en los aviones en los que viajaban o en el cumplimiento de su deber por su condición de bomberos o policías, compartieron entre sí una sola característica que, por lo demás, es común a todas las otras víctimas del terrorismo: su radical inocencia. Fueron hombres y mujeres que no habían cometido ningún delito, que no cargaban con ninguna culpa, que no merecían ningún castigo; fueron, como en su día observó Hannah Arendt, «víctimas elegidas arbitrariamente, …
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6 comentarios:

  1. José Antonio.
    Muchas gracias y muchas felicidades por el primer aniversario de tu excelente blog.
    Sigue adelante y verás como cuando menos te lo esperes aparece el editor que tanto esperas.
    Un abrazo.

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  2. Una matanza de inocentes que nadie debería olvidar jamás. Si al menos aprendiesemos algo..

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  3. Siempre va bien recordar palabras como estas... y tener bien presente la amenaza que sobrevuela nuestras cabezas.

    Un abrazo.

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  4. Imagínense que el gobernador de NY dijera que la ciudad tiene que ser equidistante y reconocer todas las violencias. Imposible, verdad. ¿Y en España?. Saluditos.

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  5. Esto es lo que dicen los estadounidenses del 11-S: Never Forget. Las `mismas´ palabras que pronunció el candidato GALfredo respecto a los crímenes de ETA.
    Es irónico, ¿verdad?

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