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jueves, 16 de julio de 2009

PARA TI MARIANO, CON TODO MI "CARIÑO".







"Entre la ignominia y la guerra preferisteis la ignominia. Hoy tenéis la ignominia y tenéis la guerra".


Sir Winston Churchill, tras el Pacto de Munich a Chamberlain y todos los malditos cobardes que provocaron la II Guerra Mundial por su vil politica de apaciguamiento ante Hitler y el nacional socialismo

1 comentario:

  1. Mi capitan:

    Siento no poder aplaudir ésta entrada, pero haces unas afirmaciones que no son ciertas, asumes, sin mas, la propaganda aliada de guerra y postguerra mundial en lo referente a las causas de la misma.

    A la frase de Churchill que citas al principio, de no haber estado entonces los ánimos tan caldeados, precisamente, por estar en guerra, sus interlocutores de la Cámara de los Lores podrían haberle replicado felicitándole, ya que él siempre quiso la guerra y al fin la tenía...después de provocarla. Pues ésta, no fue provocada por unos “malditos cobardes”, sino por unos “malditos audaces”, entre ellos, el propio Churchill.

    El pacto de Münich que tanto te escandaliza, no fue, en absoluto, un acto de debilidad y apaciguamiento ante Hitler, sino un acto de fuerza y firmeza frente a Francia, con origen en nuestra guerra civil.

    A mediados de 1938, hasta una mula soviética del calibre de Negrín, se daba cuenta de que la II República ya no podía ganar la guerra, sobre todo porque del territorio español sólo controlaba cataluña y una porción de terreno entre Cartagena y Almería y en ambos sectores, su ejército estaba en desbandada.

    Así las cosas y no resignándose a aceptar la derrota, el gobierno de la República jugó su última carta, consistente en intentar la internacionalización del conflicto. Para eso, se despalzó Negrín a Francia, donde también gobernaba el Frente Popular y se entrevistó en París con su colega frances al que convenció para que Francia abandonara la postura de no intervención, pactada con Inglaterra respecto a la guerra española y como primera medida, se comprometió al envío en un plazo inferior a dos meses, de cinco divisiones del ejército francés, para proteger cataluña.

    Este cambio en la actitud de Francia preocupó y mucho en Londres, por lo que Lord Chamberlain intentó, sin éxito, que el gobierno francés reconsiderara el asunto y mantuviera la política de no intervención en España. Ante el fracaso de ésta gestión del que informó al gobierno de su majestad, y debido a las gravísimas consecuencias que podría acarrear la intervención francesa, el gobierno inglés decidió darle un aviso claro a Francia para que se abstuviera de entrar en la guerra española. Y el aviso fue, precisamente, el pacto de Münich, mediante el cual se reconocían las reclamaciones territoriales de Alemania sobre la región de los sudetes, en Checoslovaquia, reclamaciones que por otra parte, eran cualquier cosa menos injustas y se daba al Reich, “carta blanca” para reincorporar a Alemania ésa región.

    Ni que decir tiene que Francia captó el aviso perfectamente y las cinco divisiones prometidas a Negrín como ayuda de urgencia, nunca fueron enviadas.

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